Qué
hago entre estas paredes, buscando algo de comodidad y dudas. Solo queda un
rompecabezas que olvide en el cajón. Un agujero en mis zapatos me interpela. Un zumbido
dentro de mi cabeza y la idea de que todo es desfiladero, aun las más fugaces
verdades, enfriándose en alguna mesa a cielo abierto.
Dejaste
abiertas las cortinas y el señuelo de una páginas mordidas. Algo de eso se
esfumó pasada la mañana. Tus asuntos cotidianos, tu perfume, un espejo arqueado en el fondo de la casa, que te bosteza y te mima.
En mi fiesta tu lengua se expandió hasta las coyunturas;
nadie quedó en pie, los invitados se acostaron entre las cortinas, todos los relojes se borraron de pronto, pero dejando sus ausencias
abiertas a un sentido de provocación inaudito.