Las
maneras de volverse loco están escritas debajo de las tablas de esta
habitación.
Tú
las puliste. Te hiciste una promesa.
Doblaste
las canaletas para reflejar los rayos del sol. Entumecías. Y el dinero de algo
abyecto se posó sobre tus manos, como una corbata con tres nudos.
El viento de las horas se pobló
tras las nubes. Payasos tartamudos se instalan en cada instante siguiendo un
instructivo polvoriento.
Te
confundes con sus abrazos helados y vuelves a hendir las maletas.